Testimonio de mamá primeriza: Natali y sus dobles experiencias acerca del disfrute de los hijos.

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Esta semana te comparto la historia de Natali Dávalos, una mamá que volvió a ser mamá primeriza luego de 10 años, después de la llegada de su segunda bebé. Sus experiencias han sido diferentes con cada una de sus hijas, pero las lecciones sobre cómo disfrutar de los hijos, es algo que solo cambia para reforzarse con el tiempo:

Se podría decir que he sido madre primeriza dos veces. Pensarán que es una incongruencia pero realmente me siento así. Mi primera hija nació cuando yo apenas tenía 20 años. A pesar de mi corta edad fue un embarazo muy deseado aunque inesperado; mi esposo no cabía de emoción cuando nos enteramos que Ximena venía en camino.

Yo en cambio estaba asustada, ¿Qué iba a hacer? Aún no terminaba mi carrera, no tenía trabajo, y era una realidad que ahora veo simple. El verdadero reto comenzó cuando tuve en mis brazos a ese hermoso ser. El miedo y la incertidumbre se apoderaron poco a poco de mí, ¿Qué hacer para que mi hija fuera una niña sana y feliz? ¿Cómo ayudarla a tener una súper personalidad?

La primer noche en casa, Ximena lloraba sin control y yo junto a ella, la abrazaba, caminaba con ella se la pasaba a mi esposo y viceversa. Cuando por fin se dormía y la ponía en su moisés no pasaban 5 minutos para que comenzara a llorar. Sabíamos que eran pocas las razones por las que un bebé llora: pañal sucio, hambre, sueño, dolor o frío. Finalmente descubrimos que el frío podía ser el único culpable, así que la acostamos en medio de nosotros y el silencio se hizo presente. Esa fue de las únicas noches “difíciles” que tuvimos durante sus primeros meses de vida. Mi hija fue una bebé tranquila que dormía bastante bien durante la noche.

Sé que muchos expertos dicen que es importante que el bebé tenga su propio espacio, que comencemos desde temprana edad con la independencia pero por experiencia propia les aseguro que no les afecta absolutamente en nada el que duerma con papá y mamá, mi hija (ahora de 10 años) es independiente y muy segura de sí misma, claro que la fórmula no es solo dormir con los papás, pero ese lazo me parece que fue muy importante.

Durante sus primeros meses yo seguía con miedos, me despertaba varias veces por la noche para vigilar que siguiera respirando, por cualquier cosa aún la más insignificante corría con el pediatra. Mi esposo en cambio me decía “relájate no le pasa nada.

Cuando tenía cerca de un año, Ximena se metió un frijol en la nariz. Salí corriendo con la niña en brazos para buscar un pediatra, cuando mi esposo me detuvo, tomó a la niña en sus brazos, le tapó un orificio de la nariz y le dijo suénate. Acto seguido el frijol salió. Me di cuenta que el miedo se estaba apoderando de mí y más que ayudar solo gastaba tiempo y angustiaba a la pequeña, así que decidí cambiar. Primero pensar y analizar antes de salir corriendo o gritar. Mi vida entonces se ha vuelto más relajada y estoy segura que la de mi peque también.

Diez años más tarde después de mucho buscarla llegó Marley, nuestra segunda bebé. Esta vez la vida me encontraba más madura, con un buen trabajo aunque debo reconocer que conservé algo de miedo, esta vez no era mayor o menor solo diferente. El único temor que conservo es saber si mi hija respira mientras duerme.

¿Qué ha sido diferente?

Con Ximena aprendí a ser más relajada, con Marley estoy más aprensiva, incluso creo que de repente regreso a ese mal hábito que creí superar de la sobreprotección. Creo que tengo que trabajar en ello.

Ahora hay muchas cosas que no conocí cuando mi Ximena era pequeña. Por ejemplo, ahora soy feliz usando un rebozo, con Xime no lo hice, aunque mi abuela y mi madre sí, como era una pequeña con un excelente peso era difícil cargarla así que el rebozo era una gran solución. Ahora entiendo porque ella se sentía tan tranquila, seguramente el latido del corazón de la abuela y bisabuela la hacían saber que ahí estaba protegida y nada le pasaría. Espero transmitirle esa misma seguridad a Marley, además justo en este momento entiendo ese dicho de “los años no pasan en vano” 10 años después encuentro dolores de espalda y mayor cansancio así que el rebozo es un gran amigo 😉

Reflexionando un poco, veo que lo que mi abuela platicaba de cómo cuidaba a sus hijos poco a poco regresa y es que seguro algo hacían bien ya que no había niños con alergia al mundo. Jugaban felices con tierra, la leche materna era una obligación no por 6 meses, pasaban incluso años y si no toleraban la leche había agua de arroz y otros remedios; usaban pañales de tela así que incluso contaminaban menos; cargaban a sus hijos en rebozo, entre otros. Ahora tenemos esos mismos instrumentos solo modernizados: tenemos pañales ecológicos de tela que podemos lavar en máquina, rebozos de diferentes colores y estilos incluso con bolsa incluida.

Regresando un poco a mi experiencia con Marley, quiero platicarles una situación difícil que viví, ella dormía muy bien durante las noches, por lo que me permitía descansar, hasta un día que comenzó a despertar a las 3:00 am y no se dormía hasta las 6:00 o 7:00 am, no lloraba solo estaba despierta, al pasar de los días el cansancio hizo mella en mí y el solo pensar que en cuanto dieran las 3 se despertaría me provocaba ira, al grado de que me ponía a llorar mientras la traía abrazada tratando de dormirla. Estaba en exceso intolerante, debo confesar que mi desesperación nocturna fue tal que pensé en darle unas nalgadas, pensaba que la vieja escuela podría funcionar, pero tranquilas, no, no lo hice.

Sus ojos me hacían recordar que ella también quería dormir pero algo no estaba bien y se sentía igual de desesperada que yo, así que solo respiré y empecé a platicar con ella, le dije que entendía su cansancio y que yo quería ayudarla pero no sabía cómo, que me iba a relajar para evitar transmitirle esa molestia a ella pero que necesitaba que me ayudara a entender que pasaba. En sus ojos parecía entender lo que yo le decía, le di de comer y ese día se durmió antes de las 6.

Al llevarla al pediatra me dijo que al parecer eran cólicos y platicando con otras mamás me dijeron que eso les había sucedido con alguno de sus hijos y que solo era una etapa que superaban pronto y efectivamente a los pocos días simplemente desapareció y regresó a su rutina normal.

Una vez más me di cuenta que es fácil perder la cabeza, yo sentía culpa por estar enojada y por la poca tolerancia que tenía ante la situación, en esos momentos una mirada, una sonrisa, incluso una imagen o una canción es lo que ayuda a detenerte y entender que debes cambiar la estrategia, que se vale enojarte, llorar, desesperarte pero esos sentimientos debes descargarlos lejos de tu bebé. Hay muchas opciones, aromaterapia, música y no es necesario buscar canciones relajantes, simplemente algo que te guste. Lo más importante es detenerte, tomar un momento para respirar, analizar y buscar entonces la solución.

Hay que administrar el tiempo aunque parezca que el día se va en un abrir y cerrar de ojos. He aprendido que hay tiempo para todo pero, debemos priorizar y siempre la familia debe ser lo principal, no importa si la casa está “patas arriba”, hay que relajarnos y disfrutar a nuestros peques.

 aún sin la presencia física, que sepan que siempre estaremos para ellos, esa seguridad les da armas para afrontar cualquier adversidad en la vida.

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Testimonió de mamá primeriza: Vanessa y sus emociones encontradas

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Este es la historia de Vanesa, una actriz colombiana radicada en México hace un par de años, quien ante su lucha permanente por cuidar de su cuerpo (porque al fin a al cabo es su herramienta de trabajo), se encontró de pronto en una lucha emocional interna que la llenó de dudas, ansiedad, y desesperación.  Su historia de mamá primeriza real es un ejemplo de la necesidad que tenemos las madres de prepararnos emocionalmente antes de la llegada de nuestros hijos:

 

Tengo un hermoso hijo de un año ya larguito y confieso que a su lado descubrí cosas de mí que antes ignoraba.

Comenzaré por contarles que me dedico al arte, soy actriz radicada en México y este oficio ha sido mi manera grata de vivir y cumplir con las responsabilidades diarias. Mi esposo y yo decidimos tener’ bebé después de casi 5 años de estar juntos, los dos sentimos en un momento que ya era necesario llenar nuestra casa con un miembro más, hacer crecer nuestro hogar.

La búsqueda afortunadamente no fue para nada larga, fue como si él estuviera esperando atento el momento en que tomáramos la decisión para lanzarse con toda y el embarazo fue hermoso, tranquilo, consentido, muy pocos o casi ningún inconveniente, todo perfecto hasta que el día finalmente llegó: 14 de febrero, una fecha hermosa, llena de amor y sentimientos lindos, una fecha en la que empezamos a darnos cuenta de que aunque habíamos deseado fervientemente convertirnos en padres, la vida no volvería a ser igual y definitivamente no estábamos preparados para esto.

La alegría que sentí en el momento en que mi hijo lloró al salir de mi vientre fue desplazada en parte por el miedo, el terror de caer en cuenta de la inmensa responsabilidad que estábamos adquiriendo… en ocasiones me sentí culpable por sentirme cansada, incomprendida, tenía la necesidad de pedir un tiempo fuera y volver al menos por un instante a mi antigua vida pero esto resultaba prácticamente imposible.

Intentaba sonreír ante cada una de las dificultades que se presentaban en el día a día (el cambio de pañales, la lactancia, el cansancio, los consejos inoportunos) pero en ocasiones me sentía falsa porque lo único que quería era entenderme con mi bebé, él y yo, mi esposo y yo, nosotros tres, y callar los consejos no pedidos, las críticas y hasta las burlas de las visitas.

A todo esto se sumó mi cambio físico, tal vez no fue tan drástica, pero si empezó a obsesionarme el tema del peso, me avergonzaba verme en el espejo y los reflejos de las vitrinas, y callaban esas voces de crítica en mi cabeza con el sentimiento de gratitud e infinito amor que iba creciendo hacia mi hijo.

Empecé mi relato contando que soy actriz porque tal vez no es conocido por todo el manejo de nuestros tiempos como actores y la aceptación de nuestra apariencia para poder conseguir (no siempre) trabajo.

Tal vez fue ese el mayor golpe contra el muro que me di: darme cuenta de que combinar los espacios artísticos con la crianza no resultaba para nada fácil. Así que empecé a rechazar propuestas de trabajo, por diversas razones: viajes largos, trabajo nocturno, jornadas extenuantes de ensayo, etc., y empecé a llenarme de miedo porque pensaba que la vida laboral que con tanto esmero había construido se iba a desboronar frente a mí.

Afortunadamente el padre de mi hijo también, también actor, entiende el ‘desorden’ de mis horarios y la importancia de mantenerse vigente en esta profesión, así que conté con todo el apoyo que pudo darme para que yo continuara con lo que más podía en mi oficio. Pero para él tampoco resultó fácil.

El gran esmero que pusimos él y yo en tener la lactancia como uno de nuestros mayores propósitos como padres primerizos, hizo que nuestro amado hijo estuviera totalmente apegado a mi pecho, y hacía tortuosas para él las jornadas largas en las que debía ausentarme por alguna función o un ensayo.

La vida empezó a complicársenos y no sabíamos como afrontarla. Nadie nos habló de esto, y aunque en parte lo presentíamos puedo asegurar que pensamos erróneamente que llegado el momento nosotros lo sabríamos controlar, pero no fue así.

Llegó un momento en que el caos se apoderó de nuestro amoroso y bohemio hogar, los sentimientos de rechazo a mi nuevo cuerpo, la ignorancia (a pesar de haber leído cuanto libro de maternidad cayó en mis manos) frente a los cuidados de mi bebé, su llanto desesperado ante mis largas ausencias, la impotencia de mi esposo ante los gritos de bebé, las palabras y consejos no pedidos, las ganas de salir corriendo para tener al menos un instante de tranquilidad, hicieron que todo colapsara y que viéramos como única salida separarnos para volver a empezar.

El momento más difícil de mi vida, la primera gran crisis en mi matrimonio llegó como consecuencia de la bendición más grande de nuestras vidas. Ahora ha pasado el tiempo, siento que poco a poco fuimos agarrándole el ritmo a todo, las comidas, las noches, nuestro espacio juntos (aunque aún es limitado), la educación de nuestro hijo… y pienso que vamos reconstruyendo poco a poco esa parte que se derrumbó en nuestra vida juntos.

Lo gracioso es que lo que detonó este momento difícil fue la llegada de nuestro bebé, y fue precisamente su llegada la que nos ha hecho más fuertes, e indiscutiblemente su sonrisa y sus ocurrencias diarias las que nos hacen sanar y luchar por reconstruirnos como pareja y como hogar.

Si tuviera la oportunidad de volver el tiempo atrás, pienso que antes de iniciar la búsqueda de bebé le preguntaría a mi compañero, y me preguntaría a mí misma si ya me siento realizada en aspectos que tal vez después de la llegada de un hijo resulten difíciles de alcanzar como viajes o estudio, y me gustaría consultar experiencias de padres primerizos (experiencias reales, no las que nos traen los libros o folletos que hablan de maternidades perfectas) para prepararnos un poco más y debatir como pareja la manera como solucionaríamos todo, para al menos tener una vaga idea de la reacción del otro frente a lo que enfrentaríamos como padres.

Haría todo para evitar desencuentros y fortalecer nuestra unión esperando que sea lo suficientemente poderosa para recibir el hermoso regalo del universo que es un hijo.

Lo más importante: saldría más con mi esposo, a bailar, a tomar, viajaría con él a lugares insospechados, vería más películas, amanecería con él en otras tierras y llenaría nuestra vida juntos de múltiples recuerdos divertidos con la esperanza de que sean los suficientes para traerlos a colación y sentirlos aún entre nosotros mientras el tiempo que dure acomodarnos a nuestra nueva vida.

http://forms.aweber.com/form/37/621745037.htm