Testimonio de Mamá Primeriza: Mary Ann y sus lecciones de fragilidad y fortaleza de vida

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En esta ocasión te comparto la historia de Mary Ann Castaño, una mamá que recibió a su bebé de 8 meses y su contacto físico fue limitado. Solo hasta después de varios días pudo tenerlo en brazos. Su experiencia como mamá primeriza junto a su bebé prematuro nos recuerda la fragilidad y la fortaleza de la vida:

 Testimonio de mamá: Mary AnnMe enteré de mi embarazo cuando tenía 4 meses. Hace tan sólo unos pocos meses la doctora me había dicho que posiblemente yo ya no podía tener hijos porque tenía quistes en mi útero. Mi periodo era inestable y por eso no presté atención ante algunos síntomas. Durante ese tiempo yo tenía un restaurante y trabajaba mucho, razón por la cual sentí pocas veces mareos y ganas de vomitar.

 Cuando supe que estaba embarazada tenía 21 semanas y ya se sabía el sexo de mi bebé. Ahí conocí por primera vez a Santiago, mi hijo. Puedo decir que fue un embarazo de muchas emociones, pero mi hijo me hizo ver la vida diferente; me llenó de alegría y motivos para vivir y prepararme para ser una excelente mamá. Asistí a mis controles y fui al curso de mamitas consentidas (pscicoprofiláctico). Aunque llegué 4 módulos después aprendí muchas cosas, dentro de ellas la lactancia materna.

Las ecografías salieron muy bien, lo único era que el bebé venía en posición podálica, es decir sentado, y si no se volteaba o se ponía de cabeza tendría que tener una cesárea. Al llegar a la semana 34 en la última ecografía seguía sentado y mi doctora me dio la orden para programar la cesárea. Llegué con el obstetra que debía programarme la cesárea y su trato fue muy hostil, inclusive me dijo que volviera en 15 días cuando el niño se me volteara. Trató de moverme el bebé en consulta cosa que no debe hacerse pero al ser primeriza lo desconocía. Salí de consulta y pasadas unas horas sentí un “clic” dentro de mí, al cual no le presté mucha importancia. Pensé que era flujo y nada más, pero era mi fuente que se había roto.

A la mañana siguiente sentí mi barriga un poco más suelta, y no sentí los movimientos de mi hijo como antes. Fui de nuevo al obstetra y me dijo que era posible que mi hijo estaba a horas de nacer pero ese día por una situación familiar no pude ir a la clínica. Ya tenía la autorización médica para tener a mi bebé en una clínica especializada en neonatos. Al día siguiente llegue a la clínica, me revisaron y efectivamente había roto fuente hacia 2 días. Me ingresaron por urgencias y me practicaron la cesárea. Ahí empezó lo más difícil para mí, no por las molestias que causa el procedimiento sino por el sufrimiento de ver como se llevaban a mi bebé para una incubadora…

Mi hijo nació a las 5:30 de la tarde y como venía en posición podálica el tórax se demoró un poco más en salir (esa es la razón por la cual los bebés salen moraditos. Aunque mi bebé lloró apenas llegó a este mundo fue entubado inmediatamente. El único contacto que tuvimos fue un beso.

Me pasaron a recuperación y a la habitación sin mi bebé, aunque él estaba siendo atendido por muy buenas manos. Esa noche fue eterna, lo único que quería era ver a mi bebé y aunque los dolores de la cesárea eran son muy fuertes saque toda la fuerza de una madre para poderme parar de esa cama y ver a mi bebé. Santiago nació de 36 semanas es decir de 8 meses. Permaneció 2 semanas en cuidados intensivos y luego pasó a intermedios, donde le maduraron sus pulmoncitos y estuvo bajo muchos exámenes y cuidados.

Pasamos unos días de espera y sufrimiento para poderme llevar a mi hijo a casa, pero finalmente a los 9 meses me entregaron a mi bebé con 2230 gramos en un plan canguro y con pipeta de oxígeno.

Tuvimos muchos cuidados ese primer mes. Ahí empiezas a aprender lo que es ser mamá. Fueron noches de no dormir, pendiente de su respiración, de agradecer por las enseñanzas y los consejos que me dieron en el Plan Canguro sobre los sistemas de alerta y practicarlos. ¡Sus primeros días fueron hermosos! Ver una personita, un humanito tan frágil que se convertiría en mi motivo de vivir y que día a día quieres hacer mejor todo para que no le pase nada y aprender la responsabilidad de una madre.

Durante el primer mes íbamos semanalmente a sus controles médicos para ver cómo iba subiendo de peso y cómo le bajaban al nivel oxígeno de la bala. Pasito a pasito hasta que finalmente al mes exacto le quitaron el oxígeno.

El segundo mes tuvo un episodio. Al tomarse un biberón no reaccionaba. Tuve que correr a urgencias y permanecer allí 24 horas en observación. Le practicaron todos los exámenes. Todo por un mal trago de leche. En esas 24 horas no le podía dar de mi leche, lo que me iba generando mastitis. Me dolían mucho los senos, pero no lo podía amamantar. Le compre entonces leche de fórmula, una especial porque él no toleraba la lactosa, pero no fue muy bueno para mi hijo porque le dio estreñimiento y duró 4 días sin poder hacer popo.

Yo sufría al verlo llorar por no poder hacer nada hasta que finalmente la leche volvió haciéndolo que succionara y reemplazamos entonces la leche de fórmula. La verdad la leche materna es lo mejor que existe además que le da las defensas que necesita para toda su vida.

Santiago ya casi cumple sus 4 meses. Es un bebé con buen peso y todo está normal. Tenemos unas charlas muy fluidas jejejeje y se ha despertado bastante. Le encanta el baño, jugar en la tina, y disfruta los ejercicios que le hago. Él me hace sentir el amor que solo te da un hijo.

Testimonio de mamá primeriza: Natali y sus dobles experiencias acerca del disfrute de los hijos.

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Esta semana te comparto la historia de Natali Dávalos, una mamá que volvió a ser mamá primeriza luego de 10 años, después de la llegada de su segunda bebé. Sus experiencias han sido diferentes con cada una de sus hijas, pero las lecciones sobre cómo disfrutar de los hijos, es algo que solo cambia para reforzarse con el tiempo:

Se podría decir que he sido madre primeriza dos veces. Pensarán que es una incongruencia pero realmente me siento así. Mi primera hija nació cuando yo apenas tenía 20 años. A pesar de mi corta edad fue un embarazo muy deseado aunque inesperado; mi esposo no cabía de emoción cuando nos enteramos que Ximena venía en camino.

Yo en cambio estaba asustada, ¿Qué iba a hacer? Aún no terminaba mi carrera, no tenía trabajo, y era una realidad que ahora veo simple. El verdadero reto comenzó cuando tuve en mis brazos a ese hermoso ser. El miedo y la incertidumbre se apoderaron poco a poco de mí, ¿Qué hacer para que mi hija fuera una niña sana y feliz? ¿Cómo ayudarla a tener una súper personalidad?

La primer noche en casa, Ximena lloraba sin control y yo junto a ella, la abrazaba, caminaba con ella se la pasaba a mi esposo y viceversa. Cuando por fin se dormía y la ponía en su moisés no pasaban 5 minutos para que comenzara a llorar. Sabíamos que eran pocas las razones por las que un bebé llora: pañal sucio, hambre, sueño, dolor o frío. Finalmente descubrimos que el frío podía ser el único culpable, así que la acostamos en medio de nosotros y el silencio se hizo presente. Esa fue de las únicas noches “difíciles” que tuvimos durante sus primeros meses de vida. Mi hija fue una bebé tranquila que dormía bastante bien durante la noche.

Sé que muchos expertos dicen que es importante que el bebé tenga su propio espacio, que comencemos desde temprana edad con la independencia pero por experiencia propia les aseguro que no les afecta absolutamente en nada el que duerma con papá y mamá, mi hija (ahora de 10 años) es independiente y muy segura de sí misma, claro que la fórmula no es solo dormir con los papás, pero ese lazo me parece que fue muy importante.

Durante sus primeros meses yo seguía con miedos, me despertaba varias veces por la noche para vigilar que siguiera respirando, por cualquier cosa aún la más insignificante corría con el pediatra. Mi esposo en cambio me decía “relájate no le pasa nada.

Cuando tenía cerca de un año, Ximena se metió un frijol en la nariz. Salí corriendo con la niña en brazos para buscar un pediatra, cuando mi esposo me detuvo, tomó a la niña en sus brazos, le tapó un orificio de la nariz y le dijo suénate. Acto seguido el frijol salió. Me di cuenta que el miedo se estaba apoderando de mí y más que ayudar solo gastaba tiempo y angustiaba a la pequeña, así que decidí cambiar. Primero pensar y analizar antes de salir corriendo o gritar. Mi vida entonces se ha vuelto más relajada y estoy segura que la de mi peque también.

Diez años más tarde después de mucho buscarla llegó Marley, nuestra segunda bebé. Esta vez la vida me encontraba más madura, con un buen trabajo aunque debo reconocer que conservé algo de miedo, esta vez no era mayor o menor solo diferente. El único temor que conservo es saber si mi hija respira mientras duerme.

¿Qué ha sido diferente?

Con Ximena aprendí a ser más relajada, con Marley estoy más aprensiva, incluso creo que de repente regreso a ese mal hábito que creí superar de la sobreprotección. Creo que tengo que trabajar en ello.

Ahora hay muchas cosas que no conocí cuando mi Ximena era pequeña. Por ejemplo, ahora soy feliz usando un rebozo, con Xime no lo hice, aunque mi abuela y mi madre sí, como era una pequeña con un excelente peso era difícil cargarla así que el rebozo era una gran solución. Ahora entiendo porque ella se sentía tan tranquila, seguramente el latido del corazón de la abuela y bisabuela la hacían saber que ahí estaba protegida y nada le pasaría. Espero transmitirle esa misma seguridad a Marley, además justo en este momento entiendo ese dicho de “los años no pasan en vano” 10 años después encuentro dolores de espalda y mayor cansancio así que el rebozo es un gran amigo 😉

Reflexionando un poco, veo que lo que mi abuela platicaba de cómo cuidaba a sus hijos poco a poco regresa y es que seguro algo hacían bien ya que no había niños con alergia al mundo. Jugaban felices con tierra, la leche materna era una obligación no por 6 meses, pasaban incluso años y si no toleraban la leche había agua de arroz y otros remedios; usaban pañales de tela así que incluso contaminaban menos; cargaban a sus hijos en rebozo, entre otros. Ahora tenemos esos mismos instrumentos solo modernizados: tenemos pañales ecológicos de tela que podemos lavar en máquina, rebozos de diferentes colores y estilos incluso con bolsa incluida.

Regresando un poco a mi experiencia con Marley, quiero platicarles una situación difícil que viví, ella dormía muy bien durante las noches, por lo que me permitía descansar, hasta un día que comenzó a despertar a las 3:00 am y no se dormía hasta las 6:00 o 7:00 am, no lloraba solo estaba despierta, al pasar de los días el cansancio hizo mella en mí y el solo pensar que en cuanto dieran las 3 se despertaría me provocaba ira, al grado de que me ponía a llorar mientras la traía abrazada tratando de dormirla. Estaba en exceso intolerante, debo confesar que mi desesperación nocturna fue tal que pensé en darle unas nalgadas, pensaba que la vieja escuela podría funcionar, pero tranquilas, no, no lo hice.

Sus ojos me hacían recordar que ella también quería dormir pero algo no estaba bien y se sentía igual de desesperada que yo, así que solo respiré y empecé a platicar con ella, le dije que entendía su cansancio y que yo quería ayudarla pero no sabía cómo, que me iba a relajar para evitar transmitirle esa molestia a ella pero que necesitaba que me ayudara a entender que pasaba. En sus ojos parecía entender lo que yo le decía, le di de comer y ese día se durmió antes de las 6.

Al llevarla al pediatra me dijo que al parecer eran cólicos y platicando con otras mamás me dijeron que eso les había sucedido con alguno de sus hijos y que solo era una etapa que superaban pronto y efectivamente a los pocos días simplemente desapareció y regresó a su rutina normal.

Una vez más me di cuenta que es fácil perder la cabeza, yo sentía culpa por estar enojada y por la poca tolerancia que tenía ante la situación, en esos momentos una mirada, una sonrisa, incluso una imagen o una canción es lo que ayuda a detenerte y entender que debes cambiar la estrategia, que se vale enojarte, llorar, desesperarte pero esos sentimientos debes descargarlos lejos de tu bebé. Hay muchas opciones, aromaterapia, música y no es necesario buscar canciones relajantes, simplemente algo que te guste. Lo más importante es detenerte, tomar un momento para respirar, analizar y buscar entonces la solución.

Hay que administrar el tiempo aunque parezca que el día se va en un abrir y cerrar de ojos. He aprendido que hay tiempo para todo pero, debemos priorizar y siempre la familia debe ser lo principal, no importa si la casa está “patas arriba”, hay que relajarnos y disfrutar a nuestros peques.

 aún sin la presencia física, que sepan que siempre estaremos para ellos, esa seguridad les da armas para afrontar cualquier adversidad en la vida.

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Testimonio de mamá primeriza: Lina y sus tres consejos infalibles

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Hoy te comparto la historia de Lina Salazar, una mamá que desde una manera objetiva, clara y específica te comparte tres acciones a tomar cuando sientas angustia o preocupación por no saber si lo que haces con tu bebé está bien o no.

Sus tres consejos son vitales, así que te recomiendo que los tengas presentes en todo momento, sobre todo en situaciones de caos:

Es verdad. Nadie te prepara para el camino que inicias cuando te enteras de que en tu vientre se desarrolla esa pequeña personita. Empiezas a experimentar todo tipo de emociones y fantaseas con la llegada de tu bebé. Pero cuando lo tienes en tus brazos, el mundo simplemente cambia. Cambia de manera radical y única. Sentirás que conoces el verdadero amor, la mano de Dios en tu vida y la perfección.

Tu bebé ha llegado al mundo y depende de ti. Necesita de ese ángel que lo cuidará por el resto de su vida. Por supuesto que vendrán días y sobretodo, noches difíciles. Te sentirás cansada, agotada por no poder dormir. Angustiada porque es difícil darle el pecho y preocupada por que a pesar de tus intentos ese bebé no para de llorar.   Y ahora ¿Qué hacer?

Primero, pensar que todas las mujeres que son madres, han pasado por estas situaciones. Todas en algún momento han llorado, han sentido angustia y han pasado por un sinnúmero de emociones que ahora tu experimentas. 

Él te necesita más que a nadie en el mundo. Eres su primera maestra, la que con una mirada puede saber como se siente o que le duele, el ángel guardián que se preocupara por hacerlo feliz. La sonrisa de tu bebé, su delicadeza , tu ternura, su inocencia, su fragilidad harán que te conviertas en una heroína y superes cada una de las dificultades que vas encontrando en el camino. Recuerda, no eres la primera ni la última.

Segundo, es muy importante buscar apoyo cuando lo necesitas. Busca el apoyo de tu pareja o de mujeres que sean madres. Ninguna pregunta es tonta, no dudes en pedir consejos cuando lo necesites y aplicar los que te funcionen a tu realidad. En mi caso, tuve el apoyo de un grupo de lactancia del hospital donde dí a luz y aprendí de otras madres que estaban pasando por mi misma situación. También en las actividades y eventos para bebés, puedes encontrar madres, abuelas y profesionales con experiencias similares que pueden convertirse en una ayuda maravillosa.

Tercero, busca un momento para ti. Estarás pensando , ¿Pero a que horas? No se trata de un día de Spa o un día de compras (Aunque si lo puedes hacer, adelante!). Lo importante descansar y encontrar alguna actividad que disfrutes plenamente. El solo hecho de descansar cuando tu bebe descansa o un baño caliente al final del día te harán sentir mejor.

Y por ultimo, 

Disfruta de cada día porque crecen de forma acelerada! Es la experiencia más hermosa y el regalo más especial que Dios te ha podido dar.

Testimonio de mamá primeriza: Gabriela y sus lecciones emocionales

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Esta semana quiero compartirles la historia de Gabriela, una mamá que le dio espacio a su instinto para criar a su bebé y gracias a esa crianza consciente ha logrado superar momentos en los que muchas mamás decaemos cuando hay cansancio, frustración y tristeza. El ir al ritmo de su hija, y no al revés, es lo que le ha permitido a esta mamá avanzar en esta aventura y sus recomendaciones son lecciones que no podemos dejar pasar por alto:

Lecciones de mamáMi nombre es Gabriela Morales, tengo 31 años. Tuve a Isabella, mi primer y única hija hasta el momento, a los 30 años. Ser Madre ha sido la experiencia más enriquecedora y la que me ha presentado mayores retos en toda mi vida. Tengo la bendición y fortuna de dedicarme por completo a mi familia, así que todo el día lo comparto con mi pequeña. Ella tiene actualmente 11 meses, tiempo que hemos compartido al cien por ciento, significando esto que hemos vivido infinidad de momentos hermosos y varios momentos bastante difíciles, emocional y físicamente hablando.

 

Al ser madre de tiempo completo y sobre todo al alimentar a tu bebé exclusivamente con leche materna, modificas varias cosas en tu vida. Lo primero que ocurre es que adaptas tus tiempos a las necesidades de tu bebé, estás disponible al cien por ciento cada vez que tu bebé te requiera y te manejas mentalmente en un estado infantil consciente para poder divertirte con tu pequeño(a). Estas tres cosas que pueden parecer sencillas llegan a ser tan cansadas que provocan en nosotras momentos de frustración, desesperación, enojo, cansancio; lo cual es normal pues somos seres humanos, pero es inaceptable porque una personita inocente e indefensa depende por completo de nosotras.

Recuerdo cuatro momentos en particular, situaciones que he vivido con dificultad desde el nacimiento de mi pequeña hasta el momento:

 

1)      Durante la cuarentena aproximadamente a los quince días de nacida. Después de quince días de temores, inseguridades, llanto, aprendizaje, retos, entre que aprendía a amamantar a mi bebé, a reconocer qué tenía, por qué lloraba, pasan días sin dormir o con sueño intermitente. De noche Isabella lloraba y no quería dormir, la estuve arrullando mucho tiempo sentada sobre una pelota y estaba tranquila pero no cerraba sus ojos. Yo estaba tan cansada que desperté a mi esposo y le dije “Te toca”. Él despertó, la abrazó, comenzó a rebotarla lentamente e Isabella comenzó a llorar desconsolada, por lo que le dije molesta “No me importa qué tengas que hacer, o si tienes que rebotarla altísimo, haz que esa niña se calle y se duerma”.

 

2)      Aproximadamente a los seis meses de nacida. Isabella duerme con nosotros en la cama, y esa noche había dormido bastante mal, había estado muy inquieta, y a las 6:30 AM se despertó muy contenta. Yo le negué la sonrisa, voltee con mi esposo y le dije: “No puedo más, necesito dormir, llévatela”, y comencé a llorar.

 

3)      A los 10 meses se enfermó de gripe y tos. Después de varias noches difíciles comenzó a llorar y no se calmó ni con mi presencia. Yo estaba tan cansada e intolerante que agarré a la niña y se la pasé a su padre diciéndole “Ten, encárgate”. Sin siquiera dirigir una mirada mi hija me salí del cuarto a paso firme tan enojada, cansada, frustrada. Tenía ganas de golpear la pared de la desesperación. Mi pequeña lloró aún más desconsolada cuando me vio partir. Regresé, le dije a mi esposo “Dámela”, la abracé fuerte contra mi pecho y comencé a cantar(le). Todo mi cuerpo, mi mente, mi alma, mi beba, mi esposo y el ambiente en general se fueron tranquilizando con la melodía hasta que Isabella cayó rendida y yo terminé completamente relajada.

4)      A los once meses. Les cuento que Isabella se tranquiliza solo con mi presencia. Hemos intentado que se tranquilice con papá, pero aún no lo logra, y después de tanto intentos ya la verdad todos comprendemos que al llanto nocturno de la beba la mamá responde. Sin embargo cuando estás cansada ves todo con otro cristal. Isabella comenzó a llorar, y mi esposo tranquilamente me dijo “La bebé está llorando”. Yo molesta le contesté “Qué esperas, ve”. Él fue, y como era de esperarse, Isabella siguió llorando. Llegué yo, y simplemente abrazándola todo pasó. Dejó de llorar de inmediato y siguió dormida, acurrucada en mi pecho. Mi esposo me dijo “Mi amor, sé que a veces te frustras, pero comprende que ese lazo de amor, ese vínculo tan fuerte lo tiene solo contigo, porque tú eres su mamá. Ten paciencia y recuerda que solo tú tienes ese privilegio de calmarla y darle seguridad y amor con tu sola presencia de manera tan efectiva. Ve como está tan tranquila, acurrucadita en tu pecho.”

Han sido once meses, casi un año de experiencias, aprendizaje y en este tiempo me han quedado claras sobre todo dos cosas que recomendaría como consejo a otras mamás:

  1. 1.      

    , un día no se mueven, al otro agarran todo, un día apenas se sientan, al otro gatean en turbo, un día no se saben parar y al siguiente ya están corriendo, un día no duermen por la noche y al siguiente duerme cinco horas de corrido, un día nos duele el pecho por amamantar y al siguiente somos expertas, un día morimos de cansancio y al siguiente estamos como nuevas. De lo que un día nos quejamos al día siguiente ya nos olvidamos porque nuestros bebés tienen la capacidad de llevarnos por caminos mágicos de sueños y sonrisas a diario, a cada segundo. Permítanse disfrutar más que sufrir!

 

  1. 2.       Un segundo es suficiente. Si se dan cuenta, cuatro han sido las situaciones negativas significativas que menciono a lo largo de mi experiencia como madre. Podríamos pensar que para casi un año de vida de mi pequeña son cosas sin importancia, pero no, porque es ese segundo en el que perdemos la cabeza en el que podemos llegar a ser capaces de lastimar a nuestros bebés sin querer hacerlo, y entonces no habría vuelta atrás, por eso la importancia de prepararnos física y emocionalmente, de compartir nuestras experiencias con otras mamás, de buscar compañía, descanso, apoyo, de nuestra pareja, de nuestra familia, amigas o incluso de mamás que están pasando por lo mismo que nosotras o que han pasado por ahí hace poco tiempo y pueden ayudarnos, orientarnos, guiarnos.

 

Ser mamá es hermoso! Vivan su maternidad al máximo disfrutando cada segundo de sus pequeños!


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Testimonió de mamá primeriza: Vanessa y sus emociones encontradas

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Este es la historia de Vanesa, una actriz colombiana radicada en México hace un par de años, quien ante su lucha permanente por cuidar de su cuerpo (porque al fin a al cabo es su herramienta de trabajo), se encontró de pronto en una lucha emocional interna que la llenó de dudas, ansiedad, y desesperación.  Su historia de mamá primeriza real es un ejemplo de la necesidad que tenemos las madres de prepararnos emocionalmente antes de la llegada de nuestros hijos:

 

Tengo un hermoso hijo de un año ya larguito y confieso que a su lado descubrí cosas de mí que antes ignoraba.

Comenzaré por contarles que me dedico al arte, soy actriz radicada en México y este oficio ha sido mi manera grata de vivir y cumplir con las responsabilidades diarias. Mi esposo y yo decidimos tener’ bebé después de casi 5 años de estar juntos, los dos sentimos en un momento que ya era necesario llenar nuestra casa con un miembro más, hacer crecer nuestro hogar.

La búsqueda afortunadamente no fue para nada larga, fue como si él estuviera esperando atento el momento en que tomáramos la decisión para lanzarse con toda y el embarazo fue hermoso, tranquilo, consentido, muy pocos o casi ningún inconveniente, todo perfecto hasta que el día finalmente llegó: 14 de febrero, una fecha hermosa, llena de amor y sentimientos lindos, una fecha en la que empezamos a darnos cuenta de que aunque habíamos deseado fervientemente convertirnos en padres, la vida no volvería a ser igual y definitivamente no estábamos preparados para esto.

La alegría que sentí en el momento en que mi hijo lloró al salir de mi vientre fue desplazada en parte por el miedo, el terror de caer en cuenta de la inmensa responsabilidad que estábamos adquiriendo… en ocasiones me sentí culpable por sentirme cansada, incomprendida, tenía la necesidad de pedir un tiempo fuera y volver al menos por un instante a mi antigua vida pero esto resultaba prácticamente imposible.

Intentaba sonreír ante cada una de las dificultades que se presentaban en el día a día (el cambio de pañales, la lactancia, el cansancio, los consejos inoportunos) pero en ocasiones me sentía falsa porque lo único que quería era entenderme con mi bebé, él y yo, mi esposo y yo, nosotros tres, y callar los consejos no pedidos, las críticas y hasta las burlas de las visitas.

A todo esto se sumó mi cambio físico, tal vez no fue tan drástica, pero si empezó a obsesionarme el tema del peso, me avergonzaba verme en el espejo y los reflejos de las vitrinas, y callaban esas voces de crítica en mi cabeza con el sentimiento de gratitud e infinito amor que iba creciendo hacia mi hijo.

Empecé mi relato contando que soy actriz porque tal vez no es conocido por todo el manejo de nuestros tiempos como actores y la aceptación de nuestra apariencia para poder conseguir (no siempre) trabajo.

Tal vez fue ese el mayor golpe contra el muro que me di: darme cuenta de que combinar los espacios artísticos con la crianza no resultaba para nada fácil. Así que empecé a rechazar propuestas de trabajo, por diversas razones: viajes largos, trabajo nocturno, jornadas extenuantes de ensayo, etc., y empecé a llenarme de miedo porque pensaba que la vida laboral que con tanto esmero había construido se iba a desboronar frente a mí.

Afortunadamente el padre de mi hijo también, también actor, entiende el ‘desorden’ de mis horarios y la importancia de mantenerse vigente en esta profesión, así que conté con todo el apoyo que pudo darme para que yo continuara con lo que más podía en mi oficio. Pero para él tampoco resultó fácil.

El gran esmero que pusimos él y yo en tener la lactancia como uno de nuestros mayores propósitos como padres primerizos, hizo que nuestro amado hijo estuviera totalmente apegado a mi pecho, y hacía tortuosas para él las jornadas largas en las que debía ausentarme por alguna función o un ensayo.

La vida empezó a complicársenos y no sabíamos como afrontarla. Nadie nos habló de esto, y aunque en parte lo presentíamos puedo asegurar que pensamos erróneamente que llegado el momento nosotros lo sabríamos controlar, pero no fue así.

Llegó un momento en que el caos se apoderó de nuestro amoroso y bohemio hogar, los sentimientos de rechazo a mi nuevo cuerpo, la ignorancia (a pesar de haber leído cuanto libro de maternidad cayó en mis manos) frente a los cuidados de mi bebé, su llanto desesperado ante mis largas ausencias, la impotencia de mi esposo ante los gritos de bebé, las palabras y consejos no pedidos, las ganas de salir corriendo para tener al menos un instante de tranquilidad, hicieron que todo colapsara y que viéramos como única salida separarnos para volver a empezar.

El momento más difícil de mi vida, la primera gran crisis en mi matrimonio llegó como consecuencia de la bendición más grande de nuestras vidas. Ahora ha pasado el tiempo, siento que poco a poco fuimos agarrándole el ritmo a todo, las comidas, las noches, nuestro espacio juntos (aunque aún es limitado), la educación de nuestro hijo… y pienso que vamos reconstruyendo poco a poco esa parte que se derrumbó en nuestra vida juntos.

Lo gracioso es que lo que detonó este momento difícil fue la llegada de nuestro bebé, y fue precisamente su llegada la que nos ha hecho más fuertes, e indiscutiblemente su sonrisa y sus ocurrencias diarias las que nos hacen sanar y luchar por reconstruirnos como pareja y como hogar.

Si tuviera la oportunidad de volver el tiempo atrás, pienso que antes de iniciar la búsqueda de bebé le preguntaría a mi compañero, y me preguntaría a mí misma si ya me siento realizada en aspectos que tal vez después de la llegada de un hijo resulten difíciles de alcanzar como viajes o estudio, y me gustaría consultar experiencias de padres primerizos (experiencias reales, no las que nos traen los libros o folletos que hablan de maternidades perfectas) para prepararnos un poco más y debatir como pareja la manera como solucionaríamos todo, para al menos tener una vaga idea de la reacción del otro frente a lo que enfrentaríamos como padres.

Haría todo para evitar desencuentros y fortalecer nuestra unión esperando que sea lo suficientemente poderosa para recibir el hermoso regalo del universo que es un hijo.

Lo más importante: saldría más con mi esposo, a bailar, a tomar, viajaría con él a lugares insospechados, vería más películas, amanecería con él en otras tierras y llenaría nuestra vida juntos de múltiples recuerdos divertidos con la esperanza de que sean los suficientes para traerlos a colación y sentirlos aún entre nosotros mientras el tiempo que dure acomodarnos a nuestra nueva vida.

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Testimonio de mamá: Lucía y su lactancia

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Inaguro esta sección de Historias de mamás primerizas, compartíendoles la historia de Lucia, una bella mamá que superó los mitos de la lactancia y decidió seguir adelante con su meta:  Alimentar a su bebé con leche materna.

Historias de mamá

Soy  Lucia Andre y tengo 25 años. Soy  madre por primera vez de una hermosa bebé llamada Victoria Marie. Es la luz de mi vida.

 Victoria nació el 6 de enero del 2014 en una tormenta de nieve al norte de Estados Unidos.

El día del parto estaba lista para recibirla pero ella se sentía tan bien mi vientre que decidió nacer por cesarea. Pasaron 24 horas después de que mi fuente rompió y dilate solo 3cms, por ello los doctores decidieron hacer la operación ya que sin líquido amniótico le podía faltar la respiración y el riesgo de una infección era grande.

 Al fin la tuve en mis brazos, peso 7libras y 4 onzas. 

 Siempre me he caracterizado por ser una mujer activa y con buen estado físico, por eso  decidí amamantar a mi bebé, además de que es el momento que tenemos más intimo para estar juntas, desarrollar nuestros lazos más profundos de mamá e hija y alimentar a mi hija con la mejor comida que puede recibir.

 Al segundo día de nacida mi hija, empecé a sentir un dolor insoportable en mis senos, como agujas pinchándome desde adentro, cada vez que Victoria succionaba el dolor se incrementaba más.

 

Fue una noche muy fuerte para mí, la frustración fue el principal sentimiento negativo que tuve, sentir que no podía amamantar a mi hija por el dolor tan impresionante que sentía. Mi busto creció de manera absurda acompañado por el fuerte dolor. Lloré toda la noche, pensé que no tendría la capacidad para darle de comer a mi hija y que tenía que recurrir a la leche en polvo. 

Consulté con algunas personas alrededor y me decían que lo más probable es que mi hija no estuviera recibiendo nada de leche, que podría estar con hambre, que de pronto mi cuerpo no estaba habilitado para hacer leche materna y que lo mejor era  que empezara a preparar teteros con formula.

Me decían que una amiga de ellos por dos meses intento darle leche materna a su hijo y que el niño nunca se alimento lo suficiente.

Todas estas palabras me hacían sentir la peor mama del mundo.

 Los consejos de las personas que lo rodean a uno vienen con la mejor intensión pero a veces son demasiado innecesarios, vacios y llenos de suposiciones.

Durante el embarazo tome clases de cómo amamantar bebés, y recordé que las profesoras siempre nos decían que llamáramos en caso de que necesitáramos ayuda o fuéramos al lugar donde tomamos las clases.

Así fue. Al siguiente día mi esposo y yo fuimos al centro de ayuda, me entendieron inmediatamente. El asombro de la mujer encargada fue obvio, mis senos estaban tornándose color rojo. Como diagnostico ella dijo que estaba propensa a una mastitis. No sentía fiebre pero estaba muy próxima a tenerla. Me explicó que es el mismo caso cuando por un día no vamos al baño a hacer necesidades fisiológicas, nuestro cuerpo comienza a intoxicarse por dentro a falta de evacuación.

Pasa lo mismo con la leche materna, ella dijo “somos productoras no bancos de almacenamiento”. Inmediatamente fue a buscar una bomba de succión, era muy doloroso al principio pero relajante al final. Extraje tres onzas de calostro de un solo busto con 30 segundos se succión.

 El paso a seguir fue enseñarme como amamantar a Victoria. Para ello usamos una almohada especial en forma de semicírculo donde la niña se recostó y succionó con mayor comodidad.

 Aprendí muchas técnicas, posiciones y la verdadera forma de amamantar a mi bebé. De igual manera me dio una bomba extractora, un brasier adaptable, una blusa, una crema para pezones, almohadillas para poner debajo del brasier, guías para leer en caso de tener más dudas y sabios consejos. Fue muy emocionante recibir tanta ayuda. 

 Ahora sé que produzco mas leche de la que mi hija puede tomar así que a diario extraigo leche y la congelo para el futuro cuando empiece a trabajar. Pero tengo la certeza de que mi hija se está alimentando de mí y recibe todos los nutrientes que necesita.

 

Historias de mamá

 Crece linda y saludable. 

 Gracias a Dios cuento con mi mamá en casa la cual es una ayuda increíble. Ella será quien este con Victoria en los ratos de mi ausencia y tenemos sufriente leche.

 De esta primeriza experiencia aprendí que la mejor ayuda que puedo recibir es de profesionales, que los consejos de los más allegados pueden ser con mucho amor pero sin conocimientos  nos pueden hacer cometer muchos errores.

 Cualquier duda que tengas sobre la lactancia, lo mejor es consultar con un especialista. Por pequeña que sea, ellos saben que somos primerizas y siempre tendrán la paciencia y la disposición para atendernos.

 

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