Testimonió de mamá primeriza: Vanessa y sus emociones encontradas

Este es la historia de Vanesa, una actriz colombiana radicada en México hace un par de años, quien ante su lucha permanente por cuidar de su cuerpo (porque al fin a al cabo es su herramienta de trabajo), se encontró de pronto en una lucha emocional interna que la llenó de dudas, ansiedad, y desesperación.  Su historia de mamá primeriza real es un ejemplo de la necesidad que tenemos las madres de prepararnos emocionalmente antes de la llegada de nuestros hijos:

 

Tengo un hermoso hijo de un año ya larguito y confieso que a su lado descubrí cosas de mí que antes ignoraba.

Comenzaré por contarles que me dedico al arte, soy actriz radicada en México y este oficio ha sido mi manera grata de vivir y cumplir con las responsabilidades diarias. Mi esposo y yo decidimos tener’ bebé después de casi 5 años de estar juntos, los dos sentimos en un momento que ya era necesario llenar nuestra casa con un miembro más, hacer crecer nuestro hogar.

La búsqueda afortunadamente no fue para nada larga, fue como si él estuviera esperando atento el momento en que tomáramos la decisión para lanzarse con toda y el embarazo fue hermoso, tranquilo, consentido, muy pocos o casi ningún inconveniente, todo perfecto hasta que el día finalmente llegó: 14 de febrero, una fecha hermosa, llena de amor y sentimientos lindos, una fecha en la que empezamos a darnos cuenta de que aunque habíamos deseado fervientemente convertirnos en padres, la vida no volvería a ser igual y definitivamente no estábamos preparados para esto.

La alegría que sentí en el momento en que mi hijo lloró al salir de mi vientre fue desplazada en parte por el miedo, el terror de caer en cuenta de la inmensa responsabilidad que estábamos adquiriendo… en ocasiones me sentí culpable por sentirme cansada, incomprendida, tenía la necesidad de pedir un tiempo fuera y volver al menos por un instante a mi antigua vida pero esto resultaba prácticamente imposible.

Intentaba sonreír ante cada una de las dificultades que se presentaban en el día a día (el cambio de pañales, la lactancia, el cansancio, los consejos inoportunos) pero en ocasiones me sentía falsa porque lo único que quería era entenderme con mi bebé, él y yo, mi esposo y yo, nosotros tres, y callar los consejos no pedidos, las críticas y hasta las burlas de las visitas.

A todo esto se sumó mi cambio físico, tal vez no fue tan drástica, pero si empezó a obsesionarme el tema del peso, me avergonzaba verme en el espejo y los reflejos de las vitrinas, y callaban esas voces de crítica en mi cabeza con el sentimiento de gratitud e infinito amor que iba creciendo hacia mi hijo.

Empecé mi relato contando que soy actriz porque tal vez no es conocido por todo el manejo de nuestros tiempos como actores y la aceptación de nuestra apariencia para poder conseguir (no siempre) trabajo.

Tal vez fue ese el mayor golpe contra el muro que me di: darme cuenta de que combinar los espacios artísticos con la crianza no resultaba para nada fácil. Así que empecé a rechazar propuestas de trabajo, por diversas razones: viajes largos, trabajo nocturno, jornadas extenuantes de ensayo, etc., y empecé a llenarme de miedo porque pensaba que la vida laboral que con tanto esmero había construido se iba a desboronar frente a mí.

Afortunadamente el padre de mi hijo también, también actor, entiende el ‘desorden’ de mis horarios y la importancia de mantenerse vigente en esta profesión, así que conté con todo el apoyo que pudo darme para que yo continuara con lo que más podía en mi oficio. Pero para él tampoco resultó fácil.

El gran esmero que pusimos él y yo en tener la lactancia como uno de nuestros mayores propósitos como padres primerizos, hizo que nuestro amado hijo estuviera totalmente apegado a mi pecho, y hacía tortuosas para él las jornadas largas en las que debía ausentarme por alguna función o un ensayo.

La vida empezó a complicársenos y no sabíamos como afrontarla. Nadie nos habló de esto, y aunque en parte lo presentíamos puedo asegurar que pensamos erróneamente que llegado el momento nosotros lo sabríamos controlar, pero no fue así.

Llegó un momento en que el caos se apoderó de nuestro amoroso y bohemio hogar, los sentimientos de rechazo a mi nuevo cuerpo, la ignorancia (a pesar de haber leído cuanto libro de maternidad cayó en mis manos) frente a los cuidados de mi bebé, su llanto desesperado ante mis largas ausencias, la impotencia de mi esposo ante los gritos de bebé, las palabras y consejos no pedidos, las ganas de salir corriendo para tener al menos un instante de tranquilidad, hicieron que todo colapsara y que viéramos como única salida separarnos para volver a empezar.

El momento más difícil de mi vida, la primera gran crisis en mi matrimonio llegó como consecuencia de la bendición más grande de nuestras vidas. Ahora ha pasado el tiempo, siento que poco a poco fuimos agarrándole el ritmo a todo, las comidas, las noches, nuestro espacio juntos (aunque aún es limitado), la educación de nuestro hijo… y pienso que vamos reconstruyendo poco a poco esa parte que se derrumbó en nuestra vida juntos.

Lo gracioso es que lo que detonó este momento difícil fue la llegada de nuestro bebé, y fue precisamente su llegada la que nos ha hecho más fuertes, e indiscutiblemente su sonrisa y sus ocurrencias diarias las que nos hacen sanar y luchar por reconstruirnos como pareja y como hogar.

Si tuviera la oportunidad de volver el tiempo atrás, pienso que antes de iniciar la búsqueda de bebé le preguntaría a mi compañero, y me preguntaría a mí misma si ya me siento realizada en aspectos que tal vez después de la llegada de un hijo resulten difíciles de alcanzar como viajes o estudio, y me gustaría consultar experiencias de padres primerizos (experiencias reales, no las que nos traen los libros o folletos que hablan de maternidades perfectas) para prepararnos un poco más y debatir como pareja la manera como solucionaríamos todo, para al menos tener una vaga idea de la reacción del otro frente a lo que enfrentaríamos como padres.

Haría todo para evitar desencuentros y fortalecer nuestra unión esperando que sea lo suficientemente poderosa para recibir el hermoso regalo del universo que es un hijo.

Lo más importante: saldría más con mi esposo, a bailar, a tomar, viajaría con él a lugares insospechados, vería más películas, amanecería con él en otras tierras y llenaría nuestra vida juntos de múltiples recuerdos divertidos con la esperanza de que sean los suficientes para traerlos a colación y sentirlos aún entre nosotros mientras el tiempo que dure acomodarnos a nuestra nueva vida.

http://forms.aweber.com/form/37/621745037.htm